Nadie da certificados energéticos a 4 pesetas

Desde la entrada en vigor del R.D. 235/2013 se ha desatado un auténtico caos. La convergencia de diversas circunstancias negativas como la llamada “crisis del ladrillo” y la consecuente paralización del sector inmobiliario han llevado a muchos técnicos a concienciarse, formarse y afortunadamente especializarse en la eficiencia energética como salida profesional.

En España, desde hace unos años hay libertad para los técnicos para fijar sus honorarios. Cuando tenemos que dar un presupuesto, la mayoría de nosotros hace una estimación del tiempo que le llevará hacer el trabajo y le repercute una parte proporcional de los gastos fijos (seguros, impuestos, oficina, etc.). 

Desde hace meses se ha comentado en los medios de comunicación que el precio del certificado iba a estar entorno a los 300€, pero la competencia sana de los profesionales ha ajustado esta tarifa y en la actualidad su precio oscila entre los 150€ y 250€ para la mayoría de los inmuebles. Estos honorarios están ampliamente aceptados por el conjunto de los certificadores como justos y dignos para poder realizar un buen trabajo y con la calidad esperada. Se debe saber que el tiempo medio de realización de un certificado energético es de unas 7 horas.

Por otro lado, es sorprendente comprobar la velocidad a la que han aparecido en diversas páginas de descuentos y cupones, empresas que hacen certificados energéticos hasta por  ¡49 euros!. Sin duda es una oferta estupenda e imposible de mejorar.

Los que nos dedicamos a esto sabemos que aquí hay truco porque como dice el título, nadie da certificados energéticos a 4 pesetas, y a poco que uno se interese por la oferta lo descubre rápidamente.

BAJA TEMERARIA

En los concursos públicos, cuando una oferta es anormalmente baja respecto a la media se desestima por baja temeraria. Vamos a estudiar una de estas ofertas para ver si se puede incluir en este supuesto.

Según indican en su información comercial: “La vivienda se calificará en función de los datos facilitados por el cliente. Los técnicos te enviarán por correo electrónico un formulario que deberás cumplimentar y te indicarán una serie de fotografías del inmueble que deberás remitirles junto con el formulario por correo electrónico. En dicho formulario te solicitarán una serie de datos básicos de la vivienda o local como metros, tipos de ventanas, etc. teniendo atención telefónica en todo momento para facilitar el proceso, así como resolver las dudas que pudieran surgir en el horario y teléfono de reservas.”

Hemos descubierto que además de hacer tu certificado energético te dan una clase magistral sobre envolventes, materiales, sombras, carpinterías e instalaciones. ¡Y todo eso por 49 €! Dejándonos de bromas, resulta que la toma de datos la hace el solicitante, que lo más probable es que no sea un técnico cualificado.  No es difícil suponer que una toma de datos incorrecta o imprecisa dará lugar a errores en el resultado. Además, en muchos municipios como en Vitoria-Gasteiz (aunque parezca mentira) no está digitalizado el catastro y no hay planos disponibles de forma “on line”.  Entonces, ¿tiene el solicitante que dibujar el plano del inmueble?.

Si lo llevamos a una comparación absurda, ¿serías capaz de aprender a operar a alguien o a tocar el saxofón en unos minutos con un manual y asistencia telefónica?

El artículo 9 del R.D. 235/2013 indica que el órgano competente de la Comunidad Autónoma en materia de certificación energética de edificios podrá hacer una comprobación completa de los datos tomados, de los resultados obtenidos e incluso de las recomendaciones formuladas, realizando una visita “in situ” del edificio con el fin de comprobar la correspondencia entre las especificaciones que constan en el certificado de eficiencia energética y el edificio certificado.  ¿Crees que si la toma de datos no la hace un profesional puede ser correcta? Llegados a este punto me pregunto lo siguiente: si hay errores en el certificado energético que se derivan de la toma de datos, ¿de quién es la responsabilidad?, ¿quién paga las sanciones?.

En definitiva podemos afirmar que no se trata de una baja temeraria ya que su oferta no incluye gran parte del trabajo a desarrollar y que lo tendrá que realizar el solicitante.

NO CONFUNDIR CHURRAS CON MERINAS

En un certificado se debe de realizar un estudio específico de tu inmueble, con los patrones de sombras que le afectan, sus características constructivas, de su envolvente, de las instalaciones, etc.; pero también la demanda energética de cada zona según su climatología y las soluciones constructivas y técnicas más eficientes y propias de cada lugar. Sin duda, ello requiere tener conocimientos y experiencia, y en muchos casos asesoramiento de instaladores locales, etc. El tiempo dedicado da como resultado un certificado energético de calidad, que refleje la realidad de la eficiencia del inmueble y con garantías ante posibles comprobaciones o inspecciones.

Pero si buscas precio, y si nos fijamos en ofertas como la que estamos comentando, también puedes conseguir tu certificado energético por ¡49 euros!,  que en principio cumplirá con la exigencia legal, aunque debes saber que su contenido será completamente inútil. Es este caso, la mayor parte de los valores de cálculo se realizan “por defecto” y esto implica una de etiqueta energética inferior a la real.

Los dos certificados expuestos pueden parecer la misma cosa; pero realmente no tienen nada que ver.

EVITA LOS CERTIFICADOS CHAPUZA

Si dentro de las opciones que da la libre competencia se opta por las empresas y certificadores energéticos low cost, recibirás lo que llamo un certificado chapuza.

Si buscamos la palabra “chapuza” en el Diccionario de la Lengua Española, comprendemos que cualquiera de sus acepciones encaja perfectamente con estos certificados energéticos.

En su primera acepción, significa “obra o labor de poca importancia”. Desde el punto de vista del certificador, para que pueda ser rentable su trabajo, tiene que hacer un gran volumen de encargos debido al bajo precio de su producto. Es decir, para que funcione el negocio hay que hacer certificados como churros, dándole muy poca importancia al producto resultante.

La segunda acepción, “obra hecha sin arte ni esmero” es similar a lo anterior. Es un certificado que cubre el expediente pero desvirtúa los objetivos reales del Real Decreto e imposibilita que el certificado se haga por otro certificador que cumpla con una calidad aceptable.

La tercera acepción es la “acción y efecto de estafar”.  Creo que esta es bastante dura y quiero pensar que no es la más apropiada para este tipo de certificado chapuza.


Como resumen, creo que la competencia es buena porque nos hace mejorar en calidad y servicio, pero cuando esta competencia exclusivamente se basa en el precio, se produce el efecto contrario, bajando la calidad, el servicio y se deja por los suelos el trabajo de la mayoría de los técnicos que son buenos profesionales. Por todo lo anterior, evita los certificados chapuza.

Cercae - Certificación y Calificación Energética